En la mayoría de los casos,  no se experimentan síntomas del cáncer de mama: no hay irritación de la piel ni flujo ni dolor. Por ello es importante que se explore el seno en busca de bultos, que son la señal más frecuente de la presencia de células cancerígenas.

Este bulto puede palparse por encima o dentro del tejido mamario. Es duro y no duele, puede tener los bordes irregulares. Para encontrarlo, es recomendable realizar periódicamente autoexploraciones, ya que puede tratarse de un bulto pequeño, que podría pasar inadvertido para un médico. Uno de los síntomas que acompañan a este bulto son zonas de piel tirantes o irritadas sobre o alrededor del tumor.

En las primeras fases de su formación, el bulto puede moverse entre los dedos y hacia el interior del seno. Posteriormente, puede crecer y quedar fijo sobre la caja torácica o a la piel que lo recubre. Al mismo tiempo, los ganglios axiales pueden aumentar su tamaño.

Sin embargo, también es posible que el bulto sea blando o de forma regular, o que se presenten irritaciones de la piel, dolor, un fluido del pezón que no es leche materna, hendiduras y desescamación de la piel.

Es recomendable que, ante cualquier variación en el tamaño, aspecto y volumen de los senos, los pezones y los ganglios, y la aparición de cualquier nódulo o bulto, o de dolor, se visite al médico a la brevedad para descartar que se traten de los síntomas del cáncer de mama o, de confirmarse que hay un tumor, realizar un pronto diagnóstico y tratamiento.